A los nueve grupos parlamentarios que se habían instalado en marzo, se sumaron recientemente dos nuevas bancadas de congresistas renunciantes. Además, cinco legisladores son no agrupados. Las únicas bancadas que no han sufrido cambios en su conformación son Frepap, Podemos Perú y Partido Morado. Con Francisco Sagasti como presidente de la República, la relación Congreso-Ejecutivo se anunciaría menos conflictiva. Sin embargo, en política nunca hay garantías.

El último 20 de noviembre, cinco congresistas solicitaron a la presidenta del Parlamento, Mirtha Vásquez, el registro de una nueva bancada propia. Se trató de Jim Alí Mamani, María Bartolo, Rubén Ramos, Hipólito Chaiña -cuatro ex integrantes de Unión por el Perú – y Orlando Arapa, ex miembro de Acción Popular. Así, se anunció la conformación de Nueva Constitución, que hoy es el onceavo grupo del Congreso.

Diez días antes, otros congresistas -todos renunciantes de Somos Perú- formaban la nueva bancada Descentralización Democrática. Betto Barrionuevo, Mariano Yupanqui, Grimaldo Vásquez y Felicita Tocto unieron a su grupo a César Gonzáles, quien había roto con Somos Perú el 21 de setiembre.

A la par de estos grupos, las congresistas Carmen Omonte y Martha Chávez, que originalmente pertenecían a las bancadas de Alianza para el Progreso y Fuerza Popular, se volvieron independientes. Este total de doce renuncias -y nuevas alineaciones, según el caso- se sucedieron en el contexto de la crisis política por la vacancia de Martín Vizcarra. De esta manera, el Congreso se fragmenta en once grupos parlamentarios y un acumulado de cinco legisladores no agrupados.

Especialistas consultados nos ayudan a leer el panorama de interacciones que se formarían entre el aún más fragmentado Parlamento y el Gobierno transitorio de Sagasti.

Un Gobierno de bancada reducida

En diálogo con El Comercio, Iván Lanegra Quispe, secretario general de la Asociación Civil Transparencia y politólogo, explicó que la nueva fragmentación era previsible por la propia naturaleza inestable de este Congreso. “Hay que entender que el Congreso peruano no está formado estrictamente por organizaciones políticas, sino por una suma de personas que, ante situaciones de coyuntura o crisis, pueden rápidamente reorganizarse o desunirse. Ahora, sobre el Gobierno, esto evidentemente tiene efectos porque tener al frente más actores políticos o bancadas siempre resulta más complejo para la búsqueda de acuerdos o de simple comunicación”.

Para Lanegra, es un factor importante que Sagasti haya asumido la Presidencia a raíz de un acuerdo político en el Parlamento por la presión que conllevó la crisis post-vacancia. “Su fuente de legitimidad [como mandatario] es diferente y tiene que ver con los sectores sociales que se pronunciaron tras la vacancia. Sí creo que tiene posibilidades de una mejor relación con el Parlamento que la que tenía Vizcarra y esas posibilidades se las otorga el propio contexto, que es electoral. Los partidos necesitan dar una imagen alineada a sus objetivos de campaña frente a las elecciones y también está el hecho de que los actores políticos van a tener que moverse de una manera más cuidadosa, con las lecciones que ha dejado la crisis y el elemento de contrapeso que significó la ciudadanía movilizada”.

La politóloga Katherine Zegarra Díaz señala que otro factor a considerar es que el Gobierno de Sagasti cuenta con una bancada parlamentaria que, aunque pequeña [de nueve integrantes], siempre se ha mantenido unida. “Tener presencia en el Legislativo siempre es una ventaja para cualquier Gobierno porque disminuye costos de negociación y permite canales de comunicación más directos. Lo ideal, en los sistemas presidencialistas como el que tenemos, es que esa presencia sea mayoritaria o numéricamente importante. Pero, obviamente, en este caso, no hay una garantía, puesto que el Partido Morado no representa una mayoría parlamentaria”, dijo a este Diario.

El también especialista en Ciencia Política, Mauricio Zavaleta Siri, señaló que la nueva fragmentación en el Congreso es tan solo la muestra de la precariedad del sistema partidario en el país. “Lo que tenemos son organizaciones políticas bastante precarias que, por lo general, invitan a personas que no necesariamente tienen un vínculo estable con el partido. Entonces, las fragmentaciones difícilmente se dan por divisiones programáticas o ideológicas, sino que tienden a obedecer a visiones electorales o intereses personales. En cuanto a la relación con Sagasti, creo que el Gobierno va a tener casi los mismos retos que complicaban a Vizcarra porque persisten estas figuras y estos intereses individuales en el Congreso”.

Consensos no garantizados

Esta semana, el presidente Sagasti inició rondas de diálogo en Palacio de Gobierno con los líderes de las diferentes agrupaciones políticas. Esto, previo a la solicitud del voto de confianza que formulará su Gabinete ministerial ante el Congreso de la República la primera semana de diciembre.

El martes, tuvo la visita de César Acuña, presidente del partido Alianza para el Progreso, y posteriormente, la de María Retamozo y Milagros Cayguaray, representantes del Frepap. Y el miércoles, el turno fue de la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori.

Consultada respecto de estas primeras demostraciones de apertura del nuevo Gobierno hacia las fuerzas políticas, Katherine Zegarra describe el panorama como protocolar y no necesariamente fructuoso.

“La ronda de diálogos es una práctica común, que vemos en todos los Gobiernos, porque claramente es ideal tener buenas relaciones con los diferentes partidos que están representados en el Parlamento. Sin embargo, estas reuniones, como bien sabemos, no necesariamente aseguran el éxito o el compromiso de coaliciones duraderas”, expresó Zegarra.

Mauricio Zavaleta estima que, en el futuro más inmediato, el Gobierno y el Congreso experimentarían varios desencuentros en el plano económico. “Tenemos un ministro de Economía [Waldo Mendoza] con una trayectoria que está muy alineada a los objetivos institucionales que el MEF ha mantenido en las últimas décadas. De otro lado, este Parlamento se ha caracterizado por impulsar proyectos que colisionan mucho con las posiciones del MEF. Lo vimos con la ministra [María Antonieta] Alva. Entonces, yo creo que el escenario de confrontación en ese aspecto se puede repetir”.

Para Iván Lanegra, otro tema de posible confrontación es el relacionado a las investigaciones que alcanzarían al congresista Manuel Merino (Acción Popular) por las muertes de dos jóvenes durante las movilizaciones en su contra. “Independientemente de las investigaciones preliminares que ya ha iniciado el Ministerio Público, Sagasti asume el Ejecutivo con el claro deber de esclarecer lo ocurrido dentro de lo que le competa o le toque como Gobierno. Eso tiene, sin duda, un significado político importante. Es un tema complejo y ahí veremos qué tanto avanza y qué grado de tensión alcanza”.

Lanegra coincide en que lo económico seguirá agudizando las diferencias entre el Gobierno y el Congreso. Además, apunta a los sectores del Congreso con aparentes intereses particulares en la reforma universitaria. “El presupuesto público, por ejemplo, que generaba tantos conflictos con el MEF de María Antonieta Alva. Siempre es complejo porque el espacio de negociación para la autorización de obras o actividades prioritarias es pequeño y limitado. También es previsible que se sigan presentando tensiones en el sector de Educación y, particularmente, el universitario”, dijo.

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