Hace ocho meses, en la cruda cuarentena, miles de peruanos salían por sus ventanas, balcones o terrazas para aplaudir, gritar frases de aliento o cantar a todo pulmón Contigo Perú. El ritual que se repetía cada noche a las 8 se prolongó como un cántico de las calles desde el 9 de noviembre, en que la crisis política estalló. El ‘cacerolazo’ –el acto de golpear cacerolas, ollas u otros utensilios domésticos– se convirtió en una forma de protesta ciudadana, y llegó para quedarse. “El gesto del cacerolazo es muy popular porque es hacer ruido y reemplaza a la idea de tener una voz, es casi como un grito para que nos escuchen. Hacer ruido como forma de protesta es tan antiguo como el ser humano”, explica el historiador Jesús Cosamalón, director de la maestría en Historia de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Los registros más antiguos de este gesto se remontan a la década de 1830 en Francia, en los inicios de la Monarquía de Julio. Cuentan los escritos del historiador Emmanuel Fureix que los ciudadanos usaron el charivari (costumbre folklórica francesa en la que la golpean ollas o latas en el hogar de recién casados) para protestar contra el régimen de Luis Felipe I.

Esta acción empieza a tener un matiz político en Chile durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973). El 2 de diciembre de 1971, un grupo de mujeres de clase acomodada llenaron las calles del centro de Santiago golpeando sus ollas en protesta por la escasez de alimentos que, sentían, había traído el gobierno socialista. El hecho pasó a la historia como la Marcha de las Cacerolas Vacías, replicándose en varias ciudades del país. “Fue la primera vez, de forma clara, que el cacerolazo se convirtió en algo simbólico y mostrando una propuesta ideológica mucho más clara: conservadores que se oponían a un proyecto de Unión Popular en un ambiente sumamente politizado. Además, con un síntoma de clase porque eran señoras pinochetistas con un tinte de que Chile sea cuico (pituco)”, agrega.

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Esta práctica empezó a replicarse en países vecinos. Lo hizo Argentina en 1982 durante el mandato de Raúl Alfonsín en reclamo por el paupérrimo salario. Situación similar pasó en Venezuela en plena crisis económica durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez al que se llamó el ‘Caracazo de 1989’. Se repitió en Argentina durante el mandato de Cristina Kisner (2008); en Colombia con Juan Manuel Santos (2012); en Venezuela, a favor y en contra de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, por mencionar algunos.

Jóvenes golpean sartenes durante un "cacerolazo" contra el gobierno de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner en Santa Fe, Argentina el 8 de noviembre de 2012. Opositores a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se reunieron en barrios de clase media y alta alrededor de la capital argentina y otras ciudades, incluso en todo el mundo, golpeando sus cacerolas en una ruidosa protesta contra cualquier posible candidatura que pudiera presentar para un tercer mandato. "Di no a la reelección", decía el llamado a la protesta. (Foto: Eduardi Seval / AFP)

Jóvenes golpean sartenes durante un «cacerolazo» contra el gobierno de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner en Santa Fe, Argentina el 8 de noviembre de 2012. Opositores a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se reunieron en barrios de clase media y alta alrededor de la capital argentina y otras ciudades, incluso en todo el mundo, golpeando sus cacerolas en una ruidosa protesta contra cualquier posible candidatura que pudiera presentar para un tercer mandato. «Di no a la reelección», decía el llamado a la protesta. (Foto: Eduardi Seval / AFP) (Eduardi Seval/)

Una niña se une a la protesta contra la violencia el 30 de enero de 2002 en Villavicencio, 117 km al sur de la capital colombiana, Bogotá, en protesta de la violencia que azota el país en el "Cacerolazo y apagón por la libertad". Unas 3.500 personas mueren cada año en la guerra de 38 años de Colombia, con guerrillas rebeldes de derecha e izquierda contra el ejército del país respaldado por Estados Unidos. (Foto: Luis Acosta / AFP)

Una niña se une a la protesta contra la violencia el 30 de enero de 2002 en Villavicencio, 117 km al sur de la capital colombiana, Bogotá, en protesta de la violencia que azota el país en el «Cacerolazo y apagón por la libertad». Unas 3.500 personas mueren cada año en la guerra de 38 años de Colombia, con guerrillas rebeldes de derecha e izquierda contra el ejército del país respaldado por Estados Unidos. (Foto: Luis Acosta / AFP) (LUIS ACOSTA/)

Sin embargo, el cacerolazo deja el tinte político-ideológico y se convierte en una manifestación ciudadana -casual ironía- en Chile con el estallido social en octubre de 2019. “Le dieron vuelta, como un búmeran, al gesto de la clase acomodada: si lo consideraban legítimo cuando protestaban contra Allende, el mismo gesto puede ser legítimo si protestas contra un Estado neoliberal, creado justamente por los pinochetistas, en cuestionamientos. Poco tuvieron que ver los partidos políticos. Los millones que salieron a las calles en diversos días no eran ni de izquierda ni de derecha. No es simplemente bulla, es un grito. Se ha convertido en una protesta ciudadana equivalente a abuchear. Es la primera vez que el gesto tuvo una trascendencia”, refiere el historiador.

Los manifestantes establecieron una barricada contra incendios durante una protesta contra el gobierno del presidente chileno, Sebastián Pinera, en medio de la pandemia COVID-19, en Santiago de Chile, además de realizar cacerolazos. (AFP / Martin BERNETTI)

Los manifestantes establecieron una barricada contra incendios durante una protesta contra el gobierno del presidente chileno, Sebastián Pinera, en medio de la pandemia COVID-19, en Santiago de Chile, además de realizar cacerolazos. (AFP / Martin BERNETTI) (MARTIN BERNETTI/)

ESTRUENDO NACIONAL

“Si seguimos la línea del abucheo”, continúa Jesús, “la marcha de los 4 suyos en el 2000 fue uno enorme, pero había una figura política: Toledo, más allá de lo que ha pasado con él. El cacerolazo, que es un símbolo tomado de otra parte, ha sido convocado por los mismos ciudadanos en las redes sociales y pandemia ha permitido que la gente empiece a participar de estos gestos”.

Una mujer golpea una olla frente a soldados del ejercito cerca de la Plaza de Armas de Arequipa, el 18 de junio de 2002, en protesta por el decreto de estado de emergencia y toque de queda en este departamento. La medida se tomo luego que la privatizacion de las estatales Egasa y Egesur provocaron una ola de protestas en este lugar del país. (Foto: Jaime Razuri / AFP)

Una mujer golpea una olla frente a soldados del ejercito cerca de la Plaza de Armas de Arequipa, el 18 de junio de 2002, en protesta por el decreto de estado de emergencia y toque de queda en este departamento. La medida se tomo luego que la privatizacion de las estatales Egasa y Egesur provocaron una ola de protestas en este lugar del país. (Foto: Jaime Razuri / AFP) (JAIME RAZURI/)

Una lectura peculiar que tiene el historiador con el cacerolazo de estos días es que este gesto de protesta es interclasista. Se ha visto con olla y palo de madera o metal en mano a todos los ciudadanos haciendo ruido en señal de hartazgo. Poco importa que sean de derecha o izquierda: no se sienten representados por los líderes políticos actuales. “Distinto sería si el ejemplo fuera con lemas, que usualmente es empleado por la izquierda. Nadie de la izquierda ha protestado en Perú con cacerolazo. Representa más a la ciudadanía en protesta que un partido político. Es simbólico que las personas hayan ido a las casas de Manuel Merino y Ántero Flores Araoz para hacerles bulla y fastidiarlos. No hay amenaza porque están protegidos por la policía, pero es el gusto de gritarle a alguien. ¿Por qué es posible que gente de La Molina o Surco y los barrios menos favorecidos de Lima o Perú hayan hecho el cacerolazo? Porque no es ideológico, es ciudadano”.

Este gesto, sin embargo, adquirió un significado diferente la fatídica noche del 14 de noviembre: a las 10:30 p.m. se realizó el cacerolazo en homenaje a Jack Bryan Pintado (22), la primera víctima mortal de la violenta represión policial en la manifestación del Centro de Lima. El segundo estruendo vino una hora después, esta vez por Inti Sotelo Camargo (24). Al mediodía del domingo 15, cuando Manuel Merino anunció su renuncia a la presidencia, los peruanos volvieron a hacer ruido, pero ya no vestidos con la camiseta de Perú, sino de negro.

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“El cacerolazo es el único lenguaje en común, que sepan que estamos juntos. Es una nueva forma de protestar y es, también, una forma de demostrar que amamos al Perú”, concluye Cosamalón.

Centenares de manifestantes se congregaron en el centro de Lima y marchan hacia el Congreso en protesta contra Manuel Merino. (Foto: EFE/ STRINGER)

Centenares de manifestantes se congregaron en el centro de Lima y marchan hacia el Congreso en protesta contra Manuel Merino. (Foto: EFE/ STRINGER) (Stringer/)

En adelante, al cacerolazo se le va a sumar un ingrediente: memoria. Un grito de protesta con memoria. //

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Manuel Merino dimitió el domingo cinco días después de haber asumido el poder, tras varias jornadas de protestas duramente reprimidas por la Policía.

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