El gobierno de Manuel Merino nació casi muerto y por azar. Los que votaron por vacar a Vizcarra no sabían que serían mayoría. Los unía la oposición al expresidente, no el cariño por el acciopulista. Apenas lo percibieron impopular, desmarcaron.

Su principal socio, APP, en realidad tenía un líder renuente a la aventura vacadora radical que, con altísima probabilidad, arruinaría su carrera presidencial.

César Acuña, fundador y líder de APP, según mis fuentes, no quiso sumarse a la vacancia, pero se le rebeló su bancada liderada por Omar Chehade, Carmen Omonte y Fernando Meléndez.

Luis Valdez, que acababa de suceder a Merino en la presidencia del Congreso, votó junto con sus correligionarios imprudentes, pero es absolutamente leal a Acuña y se comprometió con él a buscar una salida. ¿Cuál fue esta? Que Valdez renuncie a la presidencia del Congreso y, apenas confirmadas las muertes de los jóvenes Inti Sotelo y Jack Bryan Pintado, buscar al sucesor.

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Carolina Lizárraga tenía un capital político para lograr el consenso que trabajó el propio Acuña hablando con líderes de otros partidos, como Fuerza Popular, Frepap y Frente Amplio. ¿Cuál era el capital de Lizárraga? Haber votado contra la vacancia y estar peleada con Julio Guzmán desde que votó, discrepando con este, a favor del retiro de fondos de las AFP. Ello la hacía digerible para las bancadas rivales de los morados.

Acuña, en la madrugada del domingo, se reunió con Lizárraga para preguntarle si aceptaba ser propuesta. Ella estuvo de acuerdo y el apepista habló con otros líderes. Sin embargo, para que el acuerdo prosperara, tenía que surgir espontáneamente entre otros. Y se fue diluyendo en la mañana.

Dentro de APP otros pensaban que era mejor ceñirse al reglamento y a las formas corteses que piden candidatos respaldados por sus bancadas.

Convocada en la mañana del domingo, la junta se concentró en decidir la forma de vacar o censurar a Merino; allí no se barajaron nombres para sucederlo. El cubileteo se daba fuera de ella. Tras sondear una propuesta con Gino Costa a la cabeza, que no encontró suficientes adeptos, Julio Guzmán tuiteó un comunicado del Partido Morado que planteaba como su candidato a Francisco Sagasti y la vuelta de Vizcarra.

Un poco más tarde, la bancada morada tuiteó la propuesta de Sagasti, ignorando el párrafo del retorno vizcarrista. La bancada corrigió a su líder.

Rocío en la mañana

La suma a favor de Lizárraga enfrentó a la fórmula presidida por otra mujer. Marco Arana, líder del Frente Amplio, le había dicho a Acuña, en la madrugada, que ellos proponían a Rocío Silva Santisteban, quien comparte con Lizárraga el capital de no haber votado por la vacancia.

A diferencia de aquella, Silva sí tuvo el apoyo del líder de su partido y de su bancada, muy distante de posibilidades presidenciales en el 2021.

Los morados, urgidos a preservar las posibilidades electorales de Guzmán al 2021, sin los riesgos y complicaciones que pudieran acarrearle la presidencia de Sagasti para su plancha, convinieron con el FA en apoyar a Silva, buscando votos de AP con Luis Roel (de los pocos de su bancada que votó contra la vacancia) y la upepista Yéssica Apaza.

Ya no fue la calle sino el statu quo empresarial que se encrespó con la posibilidad de que una marxista sea presidenta del Perú, aunque fuera unos meses. Ciertamente, Silva Santisteban era una propuesta alejada del centro antipolarizante y los morados y otras bancadas sintieron la presión para desarmar esa lista. Y Sagasti renunció a ser el segundo, para deshacer la misma.

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Ello hacía pensar que Sagasti volvería a ser la propuesta morada. APP y otras bancadas les dijeron que votarían por quien ellos decidan, incluso, mencionaron el nombre de Zenaida Solís, que no fue aceptado por ellos. El cuco rojo del Frente Amplio había asustado a varias bancadas que preferían abrazar, sin condiciones, a cualquier morado.

Pero los morados dijeron rojo otra vez. Creyeron contar con el apoyo de José Vega de UPP y de APP,  y acordaron con Silva Santisteban en que tuviera un gobierno con contrapesos de centro, con un posible primer ministro morado, un equilibrio en el manejo económico y acotado a los alcances de una transición con pandemia.

En una primera ronda de votación, con muchos ausentes, la suma de votos en contra y abstenciones superaba la mayoría simple que se necesitaba para elegir a Silva Santisteban. Y al cierre de edición, seguíamos en vilo y en vigilia nacional.

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