Muchos populistas de derecha en Europa experimentaron la victoria de Donald Trump en el 2016 como un punto de inflexión. Creían que, si él pudo convertirse en presidente de EE.UU., el futuro les pertenecía. Ahora su derrota puede desencadenar el surgimiento de una visión mucho más oscura.

Fortalecido por una mayoría de los republicanos, Trump ha rechazado el resultado de las elecciones. Este comportamiento puede parecer patético, pero tiene ramificaciones para la democracia que van mucho más allá de EE.UU.

Si bien muchos presidentes alrededor del mundo felicitaron a Joe Biden, un puñado de líderes han respaldado la táctica de Trump. Cuando los medios anunciaron el triunfo de Biden, locutores de derecha en Europa insistieron en que las elecciones no habían terminado. De hecho, al mismo tiempo que Trump gritaba fraude, el primer ministro húngaro Viktor Orbán proponía cambios en el sistema electoral de su país que podrían ayudarlo a permanecer en el poder.

La política democrática sirve como una sesión de terapia nacional. Permite a los votantes expresar sus temores sobre el futuro y les asegura que, cuando terminen las elecciones, todo volverá a la normalidad. No es de extrañar, así, que se describan las elecciones como puntos de inflexión. Pero cuando las votaciones terminan, la democracia obliga a los perdedores a concentrarse en las próximas elecciones.

Al negarse a ceder, Trump envía un mensaje a sus aliados de que, para los populistas de derecha, las próximas elecciones no tienen importancia; que si conceden hoy, no habrá victoria mañana. Si en el 2016 su mensaje era que el futuro les pertenecía a los populistas, hoy es que los populistas deben temerle al futuro.

Al tratar de darle sentido al desafío de Trump, los analistas han observado su personalidad, pero las razones detrás de su apoyo son más profundas: reflejan la mentalidad apocalíptica de los votantes populistas de derecha en Occidente.

Debemos comprender que hay mucho en juego en este momento. La gente ha sido perseguida durante meses por el virus y la economía se ha visto gravemente perturbada. Este es un clima tóxico para la política, que fomenta el pensamiento apocalíptico. Pero la derecha tiene otras razones para temerle al futuro: una división generacional alimenta su pesimismo. Una mayoría de electores menores de 25 años votaron contra Trump. Es probable que se produzcan tendencias similares en Europa.

¿Puede la experiencia europea ayudar a EE.UU. a afrontar la realidad de unas elecciones disputadas? Lamentablemente no.

–Glosado y editado–

© The New York Times