Nuestros líderes de opinión deben entender que cuando incitan a la legítima protesta contra un gobierno, tienen también la responsabilidad de presentar propuestas sobre lo que quieren obtener como resultado. Veamos.

En los últimos dos años, el país ha tenido tres (que hoy quizá sean cuatro) presidentes, varias decenas de ministros y más de dos centenas de parlamentarios. Sin duda, en estos cambios influyó la manifestación de muchos peruanos que ejercen permanente vigilancia y presentan abiertamente sus críticas. Pero, paradójicamente, sus acciones ayudaron a caer a los malos… que fueron luego reemplazados por iguales o peores. Tomando a la letra lo que dicen las redes, después del “corrupto” Pedro Pablo Kuczynski vino el “más corrupto” Martín Vizcarra, y luego el “corruptísimo” Manuel Merino.

¿Cuáles son las causas de este mal resultado? Una fundamental es que, en estas y en anteriores protestas, más allá de mostrar contra qué se oponen, nunca ha quedado claro qué buscan los ciudadanos. Así, hoy no sabemos si la protesta contra Merino busca la reposición del expresidente Vizcarra, dar una advertencia al nuevo gobierno para que respete los plazos electorales y la reforma universitaria, que se nombre una autoridad diferente u otra solución. Nadie lo sabe.

Es entendible que los manifestantes, en su mayoría jóvenes, estén dispuestos a exponer hasta sus vidas por la indignación que les causa las decisiones del Congreso. Y es justamente por eso que resulta fundamental que sus líderes asuman la responsabilidad de darle un sentido propositivo a la protesta, más allá del “que caiga Merino”. Porque, si incitan a protestar ‘contra algo’ sin proponer el ‘por algo’, pueden abrir las puertas a opciones peores, como un presidente aun más improvisado, un golpe militar o la anarquía fomentada por grupos con intereses desestabilizadores.

Durante estos días de crisis, muchos han sido directa e indirectamente presionados, chantajeados con ser tildados como “insensibles” o “antidemocráticos”, si es que no llamaban a la protesta. Respetando a quienes sí lo hicieron, yo no lo hice porque aún no me queda claro qué opciones podría apoyar. Y porque sé que tenemos ya demasiados problemas, como la mala educación, la mala salud, la poca solidaridad y los malos políticos, que no mejorarán si no acompañamos las quejas con proposiciones para resolverlos.

Por eso, para que el país empiece realmente a progresar, invoco a que los valientes y bienintencionados líderes de opinión, junto con sus protestas, empiecen a presentar también propuestas de mejora. Porque es sabido que quien no presenta soluciones sigue siendo parte del problema. Esperamos que esta semana triunfen la sensatez y la democracia.