La gente está regresando a la naturaleza. La anhela este 2020 como no ocurría desde hace mucho. La pandemia y la turbulencia de los últimos días lo han ocasionado, claro. Están los que se van de vacaciones, pero también quienes decidan armar más de una maleta para instalarse por largos periodos en el campo o la playa. Para trabajar o estudiar de forma remota en un entorno menos hostil que el citadino. El valle sagrado del Cusco y Oxapampa se ubican entre los destinos más ansiados y mentados, en el primer caso; y el norte, con Máncora a la cabeza, en el segundo. Con el verano muy cerca, cabe poner los binoculares sobre este balneario emblemático del norte peruano. Y preguntarse: ¿Por qué ese pequeño distrito piurano es uno de los primeros en los que se piensa cuando a uno le asalta la idea de huir? ¿Cómo se está preparando este en términos de protocolos de bioseguridad para recibir a los turistas/residentes de paso? Porque si bien se registra un número de visitantes mayor al promedio en esta época del año, lo cierto es que la temporada alta arranca en diciembre. Somos conversó con expertos, autoridades y vecinos del balneario para absolver todas estas interrogantes.

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RUTA DE ESCAPE

Antes, sí, resulta interesante entender el fenómeno social que está llevando a los capitalinos a tomar con entusiasmo los servicios de un hotel o alquilar o comprar inmuebles fuera de la urbe. “Este escape que muchos limeños están ejecutando como consecuencia de la pandemia era predecible porque el entorno urbano de la capital no es muy beneficioso para la sensación de bienestar. Cuatro paredes eran manejables cuando salíamos al trabajo, a los restaurantes. Y así se mantenía un equilibrio con lo práctico que era vivir en una metrópoli. Ahora ya no es así”, explica Jorge Yamamoto, investigador en temas de bienestar y consultor en la mejora de calidad de vida y rendimiento.

Agrega, pues, que lo que se está buscando es disfrutar de un ambiente natural con más espacio y menos percepción de contagio. “Ahora el paisaje tiene un profundo efecto relajante. Tanto el mar como las zonas verdes. Se han hecho experimentos en los cuales se somete a las personas a estrés y después se les expone a un ambiente arquitectónico hermoso y a un parque. Luego se les practican pruebas y el resultado es que el relajo y la capacidad de trabajo se incrementan tras la exposición al paisaje natural, mas no al de concreto ganador de concursos”, explica.

En este contexto, cómo no, tanto Máncora como otros balnearios de las regiones de Piura y Tumbes se alzan como una tentadora opción. Y en honor a la justicia, los motivos para visitar al menos aquella jurisdicción brillan antes de la pandemia.

AYER Y HOY DE UN BALNEARIO

Javier Ruzo (61) es un artista plástico y empresario turístico que está ligado a Máncora desde hace 40 años. Todos allí conocen al dueño del Hotelier (hotel hoy en remodelación), pues es también hijo de la leyenda de la cocina peruana Teresa Ocampo. Él pertenece a la generación de surfistas que se instaló en el distrito a fines de los años 70. Según explica, fue ese deporte el que haría al sitio popular a partir de entonces. Luego vendría el boom turístico. Fuente obligada cuando se quiere conocer la historia del balneario, él cuenta: “El pueblo se fundó en 1904. Antes era una hacienda. En su quebrada repositaban los barcos en busca de leña. A todo ese sector le llamaban ‘el despoblado de Sechura’ porque no había nada. Eso hasta que llega la compañía de petróleo La Brea y cambia todo. Abren carreteras y se levantan pequeñas caletas por la costa. La gente trabajaba ahí y en la pesca. Era un lugar humilde y tranquilo”.

Pescadores y curiosos en un recorrido entre Máncora y Zorritos en 1956, unos veinte años antes de convertirse en paraíso turístico.

Pescadores y curiosos en un recorrido entre Máncora y Zorritos en 1956, unos veinte años antes de convertirse en paraíso turístico.

Así se mantendría, narra, hasta la llegada de la década del 80, en que empiezan a ‘subir’ los amantes de las olas. “Yo fui uno de ellos, de los pioneros. Pero también estaban Teddy Harmsen, Lucho ‘el Negro’ Cordero, Alejandro García Miró, Guillermo Letts, Roberto de Rivero y Luis de las Casas, entre otros”, cuenta. El boom turístico en Las Pocitas, indica, se dio en los 80 y en Vichayito, más al sur, en los 90.

La historia de Máncora y su gente constituye uno de los atractivos que hacen al lugar tan especial. A ello se suman, por supuesto, sus tres maravillosas playas (Las Pocitas; la del centro veraniego; y El Amor), el clima y una deliciosa gastronomía. Hoy, el 90% de los 14 mil habitantes del sitio se dedica al turismo, el resto a la pesca y la venta de artesanías.

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PROTOCOLO DE TEMPORADA

Nueva normalidad. Nuevo norte. Nuevas reglas. Evitar que el balneario se convierta en un foco de propagación del nuevo coronavirus es la preocupación actual del alcalde distrital Alexander Ramírez, quien le explicó a esta revista las medidas que se tomarán para evitar ello.

Las tres playas abrirán de lunes a viernes, aunque con un aforo limitado al 40%. Además, hemos establecido ‘burbujas’ de 4 m x 4 m en cada una de ellas para que sean ocupadas por grupos y se eviten las aglomeraciones. Asimismo, todos los visitantes deberán usar mascarillas, excepto al momento de meterse al mar”, detalla Ramírez, quien pide apoyo al Ministerio de Economía para que desembolse una partida, a través del Gobierno Regional de Piura, que les sirva para contratar más agentes de vigilancia y fiscalizadores.

Miembros de la PNP  y de la Municipalidad de Máncora continúan evaluando las medidas de bioseguridad en el distrito, mientras algunos turistas ya disfrutan de las bondades del norte.

Miembros de la PNP y de la Municipalidad de Máncora continúan evaluando las medidas de bioseguridad en el distrito, mientras algunos turistas ya disfrutan de las bondades del norte.

Los residentes dedicados al rubro turístico, sin embargo, consideran que las medidas que tomará el municipio deberían serles comunicadas claramente. Rafael Grisolle, propietario del hospedaje boutiquet Amai Luna: “Creo que deberíamos llegar a consensos con las reglas. Personalmente, no creo que tenga mucho sentido que obliguen a usar mascarilla si uno está solo en la playa o muy lejos de otra persona. En Pocitas hay espacio, tal vez el aforo en la playa del pueblo de Máncora si sea necesario… poner las mismas reglas en todos lados me parece un poquito absurdo. Ya suficiente ha sufrido el sector turístico este año como para tener más trabas”, esgrime.

Mientras los actores locales se ponen de acuerdo, todos continúan persiguiendo un mismo propósito: ofrecer a los visitantes la mejor experiencia en tiempos aún difíciles. Vaya que tanta falta hace.//

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