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Moría esa tarde del lunes 21 de diciembre de 1981 cuando Alfonso “Pocho” Rospigliosi, desde la Redacción de El Comercio me pidió una misión casi imposible: llevar a Diego Armando Maradona a la clínica Javier Prado donde la noche anterior Héctor Chumpitaz había sido operado del Tendón de Aquiles, tras chocar con José ‘Camote’ Vásquez en el partido que disputaban Sporting Cristal y Bolognesi de Tacna. “Mario, si lo consigues me llamas para decirle a Alberto Chung que ahorita está en la clínica y hacer en enlace telefónico a la hora que comience el programa ‘Ovación’ a las siete de la noche y entreviste a Diego. Me avisas”. Cosas que ‘Pocho’ tenía acostumbrados a sus miles de oyentes.

Y, en efecto, desde el Hotel Savoy del jirón Caylloma logramos llevar a Diego tras el permiso de su entrenador a visitar al Gran Capitán. La Unidad Móvil de “El Comercio” la conducía Luis Verástegui. Bueno, eran otros tiempos y no los de hoy donde un futbolista famoso hasta para ir al baño lo hace al lado de un guardaespaldas. Aún recuerdo a Diego en ese recorrido por las calles limeñas miraba fijamente a los transeúntes, preguntándonos cómo había sido la lesión de Héctor y otros detalles. Solo cuando llegamos a la avenida Javier Prado, se tocó su tupida barba, se arregló su polo e ingresó con nosotros al citado nosocomio.

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Es de imaginarse el enorme bullicio que se formó cuando los allí presentes: médicos, enfermeras, los propios pacientes y sus familiares se pasaron la voz de que Maradona estaba visitando ¡en persona! a Chumpitaz y buscaron de conseguirle un autógrafo. Bueno, pues, tendrían que pasar tres décadas para que apareciera el ‘selfie’. Diego ingresó al cuarto donde Héctor era visitado en esos momentos por su entrenador Elba de Padua Lima, Tim y el arquero Ramón Quiroga. Los saludos afectuosos del ’10′ y de nuestro zaguero que por esa lesión de perdió, justamente, el Mundial de España 82. Los mejores deseos del argentino fueron que si bien se perdería el Mundial español, estaba en la edad de seguir jugando fútbol. Tengo aún esta frase que le digo al terminar de firmarle el yeso que Héctor aún conserva en su casa: “Capitán, se perderá este Mundial pero vendrán otros porque el fútbol peruano tiene en usted a un enorme jugador y sé que estará presente en los venideros”. Lo volvió a abrazar y lo propio hizo con Quiroga y con Tim a quién le llegó a decir: “Mucha suerte profesor y lo felicito por este logro”.

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Allí nomás Alberto Chung lo invitó a dialogar a Diego con Pocho, quién feliz al tiempo que lo saludaba, porque se conocían, decía “donde se hace deporte, allí está Ovación y esta noche tenemos al gran Diego Maradona con ustedes”. Esa es otra historia. Lo mío con El Comercio estaba cerrado. Pero antes había que regresar al ’10′ a su hotel y así lo hicimos. “Gracias por esta oportunidad de haberme permitido ir a saludar y visitar a un gran jugador como es Chumpitaz. Solo espero que se recupere y vuelva a las canchas”, fue su comentario final al momento de despedirse.

MINUTO Y MEDIO EN LA BOMBONERA

Esa dominguera mañana del 2008, en Buenos Aires, hablando con Daniel Arcucci, periodista y mejor amigo, le escuché decir telefónicamente que obtener declaraciones de Diego resultaba muy difícil. “Conmigo queda en reunirse una fecha y minutos antes de la cita me llama para suspenderla y, cuando ella ocurre, apenas hablamos. Su agenda es recargadísima”, me acotó. Era a través de Arcucci, confidente de Diego (hasta le hizo un libro, “Conocer al Diego”, de Editorial Planeta) que junto con el reportero Lino Chipana pretendíamos llegar al famoso ’10′. Arcucci para darnos unas palabras de aliento, nos remachó esta frase: “Pero lo puedes ubicar hoy que Boca juega con Huracán. A lo mejor, asiste a la Bombonera. No te lo aseguro ¡Ah! Un detalle más: lo tienes que abordar y si te da un minuto y medio, date por bien servido…”.

Daniel no se equivocó en nada. Diego asistió al partido y cuando faltaban 20′ para terminar el mismo hizo abandono de su palco. Con la férrea seguridad que lo protege salió raudo hacia dónde aparcaba su auto sport color negro que nosotros ya lo habíamos averiguado momentos antes. En mitad de camino fue que Deporte Total le arrancó algunas declaraciones tras escuchar en medio del tumulto nuestro grito “Diego, saludos te envía Ñol Solano desde Lima”. Fue suficiente. Diego aminoró su marcha, volteó su mirada y nos dio algunas declaraciones, “Le retornas mis saludos al ‘Maestrito’. Fue un placer jugar a su lado por su gran técnica que siempre la tuvo en su fútbol”, fue su despedida. Tiempo: el minuto y medio que nos vaticinó Daniel.

LA REVANCHA EN SAO PAULO

Un tercer encuentro con Diego fue mediodía del 5 de septiembre del 2013 en los predios de Pelé, la inmensa metrópolis de Sao Paulo y hasta donde llegamos invitados por Paco Casal, el dueño de DirecTV lo mismo que Oblitas, Mifflin, Romario, Francéscoli, Chilavert, etc… y representantes de varios clubes de todo Sudamérica. El ‘Pelusa’ en su eterna lucha por reivindicar derechos suprimidos izaba, esa vez, la bandera de protesta de los clubes contra la cadena Fox Sports, dueña de los derechos televisivos de los torneos que organiza la Conmebol.

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“He venido desde Lima con la intención no solo de cubrir esta reunión sino de entrevistar a Diego”, fue el comentario que le lancé a Casal ni bien alcanzó a verme. “Descuida, te lo pondré a tu disposición”, fue su respuesta. Y así fue. Una pregunta nuestra hecha a Diego en el anfiteatro del Corinthians sobre el porqué de Argentina solo había llegado un solo dirigente de fútbol y nadie más, no solo le permitió al que para muchos fue el mejor jugador de todos los tiempos – con el mayor de los respetos a Pelé que tiene un sitio de honor como Rei, también- a despacharse ante los presentes. “Siento la mayor verguenza posible y es una demostración más que en la AFA solo lo que dice su presidente Julio Grondona (fallecido diez meses después) eso es”.

Hora y media después ya en el Hotel Accord paulista estábamos sentados frente a frente con Diego. Casal había cumplido con su palabra cuando en el comedor del citado hotel nos juntó cuando instantes antes el propio Diego al vernos sentados se acercó a saludarnos de lo que aproveché en decirle mi nombre y del diario El Comercio que representaba “Sí, te recuerdo, el de la pregunta” me respondió con una sonrisa en alusión a lo que horas antes le había preguntado.

Diego, vistiendo de buzo deportivo no declaró, esta vez, al paso apurado como acostumbra en los aeropuertos o lugares que visita con nube de periodistas al costado. Lo hizo sentado frente a mí, calmado, con todos los sentidos puestos en cada pregunta. Le regalé una histórica camiseta de la ‘U’ umbro, un modelo en homenaje a su máximo ídolo, Lolo Fernández. Fue un disfrute hablar con él nuevamente. Hoy nos ha dejado para siempre. Ya está en paz un personaje inolvidable. //

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