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Vivimos un trance histórico. Le estamos dando significado al Bicentenario. De hecho, en esta semana se han producido muchos significados y en la prensa apenas los estamos cubriendo. Falta (des)cubrirlos. Necesitamos tiempo para verlos con distancia. En pocos días se generó un gobierno ilegítimo que incluyó una maquinaria represiva que recién estamos develando, una revuelta básicamente juvenil de tribus urbanas (estudiantes, grupos de FB, WhatsApp, Instagram y Tik Tok, skaters, gamers, feministas, barristas, activistas de muchas causas) que quiso llegar al Congreso y a Palacio de Gobierno, pues identificó que eran las sedes del régimen que querían tumbar y lo consiguieron con 2 vidas. La cartografía de la batalla era evidente, al menos para la primera línea de jóvenes y para la policía.

De paso, la revuelta dejó a Martín Vizcarra en el pasado y provocó la asunción de un nuevo régimen, que podemos llamar con propiedad de transición, pues nos conducirá a la asunción de mando de un gobierno, esta vez sí quinquenal, el 28 de julio del 2021 cuando cumplimos 200 años de república. Hasta hemos inventado conceptos tan ricos como ‘generación del bicentenario que desactiva bombas’, mientras muchas instituciones crujen y se reajustan, y las mayores, los poderes ejecutivo y legislativo, se legitiman en la transición misma, o sea, sujetos a vigilancia, condicionados a colaborar entre sí y presentar próximas credenciales. Hasta ahora, los gestos del presidente Francisco Sagasti, invitando a los familiares de Inti Sotelo y Bryan Pintado a su juramentación, revelan que entiende lo que ha pasado. Los invito a leer mi columna de hoy y otros artículos de mis colegas.